Policarpo De Esmirna
Policarpo fue uno de los “padres de la Iglesia” y discípulo del apóstol Juan. Fue un eminente líder cristiano que nació cuando Nerón era emperador.
Ignacio encomendó la iglesia de Antioquía al cuidado y la superintendencia de Policarpo, quien estaba lleno de un santo celo por Dios y parecía incansable en sus esfuerzos por preservar la paz en la iglesia, así como por promover la piedad y la virtud entre los hombres.
Durante la persecución que asoló la ciudad de Esmirna en el año 167, el carácter de Policarpo atrajo la atención de los enemigos del cristianismo.
El clamor general era:
“¡Que se busque a Policarpo!”
El venerable obispo de Esmirna se ocultó al saber que lo estaban buscando, pero fue descubierto por un niño. Después de ofrecer una comida a los guardias que habían venido a arrestarlo, Policarpo les pidió que le permitieran orar durante una hora. Los guardias accedieron, y Policarpo oró con tanto fervor que ellos mismos sintieron pesar por haberlo apresado.
Cuando finalmente Policarpo fue llevado ante el procónsul, este lo apremió diciéndole:
“Jura y te daré la libertad. Blasfema contra Cristo.”
Policarpo le respondió:
“Durante 86 años he servido a Cristo y nunca me ha hecho mal alguno. ¿Cómo voy yo a blasfemar contra mi Rey, quien me ha salvado?”
Cuando Policarpo fue llevado a la estaca para ser quemado vivo por su fe en Cristo, el verdugo le ofreció, como era la costumbre, clavarlo a la estaca. Pero Policarpo dijo:
“Déjame solo como estoy. Aquel que me ha dado la fortaleza para venir al fuego también me dará la paciencia para permanecer en él sin tener que ser asegurado con clavos.”
Entonces solamente lo ataron.
Al encenderse la hoguera, las llamas rodearon su cuerpo como un arco, sin tocarlo. Entonces dieron orden al verdugo de que lo traspasara con una espada; al cumplirse aquella orden, brotó tal cantidad de sangre que apagó el fuego.
Parte de su última oración, en la hora de su muerte, fue:
“Oh Dios, Padre de tu amado Hijo Jesucristo, por quien hemos recibido el conocimiento de ti. Oh Dios de los ángeles y las potestades, de toda criatura y de todos los justos que viven en tu presencia, te doy las gracias porque tú, por tu gracia, me has concedido este día y esta hora para darme una porción entre los mártires. Oh Señor, recíbeme y hazme compañero de los santos en la resurrección, por medio de los méritos de nuestro gran Sumo Sacerdote, el Señor Jesucristo. Te alabo y te adoro por medio de tu amado Hijo, a quien, juntamente contigo y con tu Santo Espíritu, sea todo el honor y toda la gloria ahora y por siempre. Amén.”
—Power of Religion.