Muriendo Sin Dios
4 de August, 2026

Muriendo Sin Dios

Un hombre joven que trabajaba en una gran fábrica metalúrgica en la ciudad de Sheffield, Inglaterra fue, hace algún tiempo, lanzado accidentalmente sobre una placa metálica de blindaje que estaba al rojo vivo.

Cuando sus compañeros de trabajo acudieron rápidamente en su ayuda y lo voltearon, era muy dudoso que él pudiera vivir, ya que casi todo un lado de su cuerpo estaba quemado hasta los huesos.

Sus compañeros de trabajo, con gran angustia, gritaron: “¡Envíen por un médico!” Pero aquel pobre joven, que estaba sufriendo intensamente, gritó:

“Olvídense de enviar por un médico. ¿Hay alguien aquí que me pueda decir cómo puedo ser salvo? Mi alma ha sido grandemente descuidada y yo me estoy muriendo sin Dios. ¿Quién me puede ayudar?”

A pesar de que había alrededor de 300 hombres reunidos junto a aquel joven moribundo, no hubo ni siquiera uno que pudiera decirle cuál era el camino de la salvación eterna.

Después de pasar 20 minutos en una agonía indescriptible, aquel pobre joven que había descuidado su alma eterna murió de la misma manera en la que había vivido: sin Dios.

Uno de los hombres que presenciaron este accidente y escucharon los terribles gritos de dolor de aquel joven mientras moría era, tristemente, un desdichado caído de la gracia: alguien que había sido cristiano, había estado en el camino de vida, había conocido a Jesús, pero había caído y se había apartado de ese glorioso camino.

Y cuando yo le pregunté cómo se sintió en aquel momento, siendo testigo de semejante muerte, él me dijo:

“He escuchado sus gritos desde entonces, y he deseado poder haberme agachado y guiar a esa pobre alma hacia Jesús; pero mi vida cerró mis labios.”

Meditación:

¿Será que tu vida les dice a los pecadores que tú eres salvo, que conoces a Jesús y que eres cristiano? ¿O será que tu propia vida se encarga de cerrar tus labios para que no les hables de Jesús?

¿Cómo puede tu vida cerrar tus labios? Cuando las personas que te rodean escuchan tus palabras y son testigos de la manera en que tú vives.

—William Baugh