John Knox, El Gran Reformador de Escocia
Este gran reformador era muy conocido por su fe y su vida de oración. El nombre de John Knox es ampliamente conocido en toda la cristiandad. Él vivió durante los días de la reina María de Escocia, y ella misma, en una ocasión, declaró:
“Le tengo más temor a las oraciones de Knox que a todos los ejércitos de Escocia.”
La Iglesia católica romana, con toda su corrupción y degradación, tenía un gran poder e influencia en las Islas Británicas. La reina de Inglaterra y muchos de sus altos oficiales, tanto en la iglesia como en el Estado, eran solamente herramientas en las manos del papa para perseguir y destruir a los protestantes.
Utilizaban las cárceles y prisiones, así como también la estaca, un poste de madera al cual amarraban a los cristianos para quemarlos vivos.
Los hijos devotos de Dios sufrieron más allá de lo que se puede describir. Toda la tierra era una escena de desolación.
Muchos cristianos eran quemados vivos por causa de su fe y devoción a la religión cristiana.
El gran corazón de John Knox fue profundamente conmovido. De noche y de día él clamaba a Dios para que salvara a Escocia.
En una ocasión, John Knox tenía sobre sí una carga tan grande por Escocia que se retiró a un lugar para orar en secreto; pero pronto fue descubierto por algunos de sus amigos a causa de sus gemidos.
Sus amigos lo escucharon gemir con gran intensidad:
“¡Dame Escocia o me muero!”
Después de unos pocos momentos, volvieron a escucharlo decir las mismas palabras:
“¡Dame Escocia o me muero!”
Ellos lo escucharon expresar los anhelos más profundos de su alma hasta que finalmente encontró alivio… Dios le dio Escocia.
John Knox murió en el año 1572, cuando tenía 67 años de edad.
Después de encomendar el cuidado de su iglesia a Cristo, dijo:
“Yo ahora encomiendo mi alma en tus manos.”
Unos pocos momentos después de esto, exclamó:
“¡Ahora ha venido!”
¿Quién podría dudar de que Dios envió una caravana de ángeles para llevar a John Knox al seno de Abraham?
El conde de Morton, estando junto a la tumba de John Knox y en presencia de muchos de los nobles de Escocia, pronunció las siguientes palabras:
“Aquí reposa aquel que nunca le tuvo temor al rostro de los hombres.”