Él Ha Venido, Mi Amado Es Mío y Yo Suyo Por Siempre
3 de August, 2026

Él Ha Venido, Mi Amado Es Mío y Yo Suyo Por Siempre

“La vida de Thomas Walsh —dice el Dr. Southey— podría casi convencer a un católico de que los santos pueden ser encontrados en otros lugares, así como en la Iglesia de Roma.”

Thomas Walsh se convirtió en un gran estudioso de la Biblia. Él era originario de Irlanda y logró dominar la lengua nativa de Irlanda para poder predicar en ella; pero también el latín, el griego y el hebreo se convirtieron en lenguas con las cuales él estaba familiarizado.

Hablando específicamente acerca de la lengua hebrea, se dice que él estudió tan profundamente ese idioma que su mente llegó a estar en total concordancia con toda la Biblia.

Su alma era como una llama de fuego por Dios, pero eso agotó rápidamente su cuerpo.

John Wesley dijo de Thomas Walsh: “Yo no recuerdo haber conocido jamás a un hombre quien, en los pocos años que vivió en la tierra, se haya convertido en un instrumento de Dios para la conversión de tantos pecadores.”

Thomas Walsh llegó a tener una gran influencia sobre los católicos romanos.

Los sacerdotes católicos romanos decían que Walsh “había muerto hacía algunos años atrás y que aquel que andaba por todos lados predicando, en las montañas, carreteras, prados, casas privadas, prisiones y barcos, era un demonio que había tomado su forma.”

Esta era la única manera en la cual los sacerdotes católicos podían explicar la extraordinaria influencia que Walsh tenía.

La obra y el trabajo de Thomas Walsh fueron realizados principalmente entre Irlanda y Londres; pero, a dondequiera que él iba, arrasaba con todo a su paso por medio de la intensa fe que poseía. Sin embargo, murió a la edad de tan solo 27 años.

Mientras Thomas Walsh estaba sobre su lecho de muerte, fue muy oprimido por un sentimiento de haber perdido toda esperanza, incluso la esperanza misma de su propia salvación.

Los sufrimientos de su mente mientras estaba muriendo fueron muy grandes, intensos y extremadamente duros.

Finalmente, estando acostado sobre su cama, Thomas Walsh se incorporó y exclamó con gran fuerza:

“¡Él ha venido, Él ha venido! Mi amado es mío y yo soy suyo por siempre.”

Y así, después de pronunciar estas gloriosas palabras llenas de fe, cayó hacia atrás sobre su cama y murió.

Thomas Walsh es un gran nombre que todavía permanece en los registros de los predicadores laicos de los inicios del metodismo.

—El Gran Avivamiento