Todas Las Promesas
“Porque todas las promesas de Dios son en El sí, y en El amen, por medio de nosotros, para la gloria de Dios” — 2 Corintios 1:20
Russell Kelso Carter es el autor de este himno, el fue un atleta, educador, ranchero, predicador y médico. Aquí esta su testimonio condensado:
“Desde mi nacimiento en el año 1849, yo estuve rodeado por influencias cristianas.
Mi padre milito durante casi medio siglo en las filas de los obreros cristianos en Baltimore; junto a él yo tuve el ejemplo de una paciente y amante madre.
Yo no puedo recordar una sola ocasión en la cual yo no haya sido el objeto de profundas convicciones de pecado sin embargo, siendo un niño en edad escolar, yo me desvié de la verdad hasta que llegue a la edad de 15 años.
Fue en ese tiempo, cuando bajo la influencia de una reunión de oración para cadetes en la academia militar de Pennsylvania, yo hice una profesión de fe en Cristo Jesús.
Pero, yo cometí un error que muchas personas cometen también, el cual fue que yo no abandone mis viejas compañías—amistades— ni tampoco mis viejos hábitos y por 14 años, yo viví una experiencia de altibajos la cual es tan familiar para las personas promedio que asisten a las iglesias.
Nunca disfrute tanto como cuando trabajaba en las reuniones del Sr. Moody—el evangelista D.L Moody) en Baltimore sin embargo, aun en ese tiempo yo continuamente me deslizaba y caía—espiritualmente hablando.
Mi alma clamaba por ser liberada y las promesas ilimitadas de Dios permanecieron siempre como si fueran estrellas sobre mi cabeza pero, yo no estaba dispuesto a pagar el precio que era necesario.
Fue en el verano del año 1879 cuando mi corazón, el cual había estado crónicamente enfermo ya por 7 años, resistiéndose a las medicinas que los médicos daban y rehusándose a mejorarse, aun después de estar por 3 años criando ovejas en California, repentinamente sufrió un colapso tan serio que me llevo al borde de la tumba.
Yo había oído acerca de “la oración de fe” por sanidad pero, yo me sentía persuadido en que eso bordearía en blasfemia—el pedirle a Dios que me diera fuerza, la cual yo no me proponía usar completamente para El.
Entonces, arrodillándome en oración en el cuarto de mi madre en Baltimore, yo hice una consagración a Dios que cubría absolutamente todo. Todas las cosas dudosas fueran apartadas, dije cada palabra muy en serio y, desde entonces yo nunca he tenido ninguna duda.
Una quietud—paz—vino sobre mí y encontré que la Biblia estaba maravillosamente abierta y era maravillosamente satisfactoria para mí, como nunca lo había sido antes.
Sintiéndome extremadamente impresionado con las promesas sanadoras de Dios, yo tome la decisión de ir a la ciudad de Boston para pedir unción y oración por medio del Dr. Cullis.
Yo estaba terriblemente débil pero, aun en esa condición yo fui.
Solamente agregare que yo regrese a los 3 días, caminando por fe y no por sentimientos, resumí mi trabajo en el colegio en Septiembre y de una sola vez me involucre en muchos trabajos religiosos.
Yo fui sanado solamente por el poder de Dios ¡Alabado sea Dios!”