Suenan Melodías En Mi Ser
11 de August, 2026

Suenan Melodías En Mi Ser

Por Elton Menno Roth
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“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.” — Colosenses 3:16

La gran evidencia de ser “lleno del Espíritu” es cantar. Esto es de acuerdo a lo que Efesios 5:18-19 dice:

“No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones.”

Ese es el tema de este pequeño coro cristiano con su irresistible melodía. Ha sido un canto favorito por muchos años alrededor del mundo.

Su autor se llamaba Elton Menno Roth. Él nació durante la temporada del Día de Acción de Gracias del año 1891. Él dirigió a su primer coro de iglesia cuando solamente tenía 14 años.

Después de haber asistido al Instituto Bíblico Moody y la Escuela Bíblica de Fort Wayne, en su estado nativo de Indiana, él estudió música en Europa.

Roth se convirtió en un cantor evangelista y líder de alabanza para reuniones evangelísticas. En la década de 1930, él formó un grupo popular de cantores llamado El Coro Ecclesia. Este grupo tuvo presentaciones a través del país.

Él también era un notado instructor de música en un número de escuelas y colegios cristianos.

Los Ángeles se convirtió en su hogar en sus últimos años de su vida y él murió ahí a la edad de 60 años, en el último día del año 1951.

“Mi Dios me envió del cielo un canto” fue uno de los primeros himnos que fueron escritos por Elton Roth, de los aproximadamente 100 himnos que escribió.

Él compuso este himno en el año 1923 mientras estaba conduciendo reuniones evangelísticas en Texas:

“Yo salí a caminar hacia el molino de algodón que estaba fuera de la ciudad. En mi camino de regreso, pasando por las ardientes calles —a causa del calor—, yo me sentí cansado a causa del calor que era muy opresivo y me detuve por un momento en una iglesia que estaba en una esquina.”

“La puerta estaba abierta, así que yo entré. No había personas en las bancas, no había un predicador en el púlpito; todo estaba muy tranquilo, con una presencia sagrada que no se desvanecía.”

“Yo comencé a caminar de arriba para abajo del pasillo y comencé a cantar: ‘Suenan melodías en mi ser’. Entonces, me apresuré y entré en la oficina del pastor para buscar papel en donde poder escribir. Dibujé una pauta musical y tracé la melodía.”

“Yo permanecí ahí por una hora o más, para terminar el canto, tanto la letra como la música. Esa misma tarde, yo presenté el canto al hacer que más de 100 niños y niñas lo cantaran en una reunión a campo abierto.”

“Yo estaba emocionado al parecer que todo mi ser era transformado por ese canto.”