Bendiciones, Cuántas Tienes Ya
“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.” — Santiago 1:17
Es imposible estar agradecido y, al mismo tiempo, ser un gruñón, arisco, crítico o malhumorado…
Esa es la lección que Johnson Oatman Jr. quería enseñarles a los jóvenes a través del canto “Bendiciones, Cuántas Tienes Ya”.
Johnson nació en Nueva Jersey, justo antes de la Guerra Civil de los Estados Unidos. Su padre tenía una voz muy poderosa, la cual, según algunas personas, era la mejor voz de canto en toda la costa este de los Estados Unidos.
Por eso, Johnson Jr., siendo todavía un niño, siempre quería estar junto a su padre en la iglesia.
Cuando Johnson era ya un joven, permaneció junto a su padre de otra manera: se convirtió en socio de la empresa mercantil de su padre, que se llamaba “Johnson Oatman & Son”.
A la edad de 19 años, Johnson se unió a la Iglesia Episcopal Metodista y fue ordenado al ministerio.
Él a menudo predicaba, pero Johnson nunca entró al pastorado a tiempo completo porque disfrutaba del mundo de los negocios y se dio cuenta de que, a través de los negocios, podía cubrir sus responsabilidades financieras, lo cual le daba la libertad de ministrar gratuitamente.
En el año 1892, teniendo la voz de su padre indudablemente sonando en su memoria, Johnson comenzó a escribir himnos.
Johnson promedió 200 himnos y cantos cristianos al año—5,000 durante el curso de su vida—, entre ellos: “Tierra Alta”, “No, Ni Uno”, “La Última Milla del Camino” y “Bendiciones, Cuántas Tienes Ya”.
Este canto fue publicado en un cancionero para jóvenes en el año 1897. Reflejó la fe optimista de Johnson y ha sido una lección para muchos desde entonces.
Martín Lutero escribió en su libro Conversación de Sobremesa: “Mientras más grandes son los dones y las obras de Dios, cuanto menos se les tiene en cuenta.”
Nosotros tendemos a mostrar un grado de agradecimiento que va en proporción inversa a la cantidad de bendiciones que recibimos.
Un hombre hambriento está más agradecido por un bocado de pan que el hombre rico por su mesa repleta de comida.
Una mujer solitaria en un asilo apreciará mucho más una visita que una mujer popular a la cual le hacen una gran fiesta de celebración.
Si los pájaros solamente cantaran una vez al año, todos nosotros pondríamos mucha atención; pero, como cantan cada mañana, apenas nos molestamos en escuchar con atención.
Cuenta todas las bendiciones que Dios te ha dado y te sorprenderás de lo que Dios hará…