¿Qué eres tú, constructor o destructor?
Así como vemos en la famosa alegoría de El progreso del peregrino, donde el peregrino se enfrenta a diferentes peligros en su jornada hacia la Ciudad Celestial, podemos ver que, de la misma manera, toda iglesia verdadera, que en sí misma está compuesta por diferentes miembros, también enfrenta peligros en su jornada hacia la Ciudad Celestial.
Uno de los peligros que toda iglesia verdadera tendrá que enfrentar durante su peregrinaje es la falta de unidad.
En Lucas 11:17, Cristo Jesús dijo que una casa dividida contra sí misma no permanecerá.
La falta de unidad en una iglesia local es algo extremadamente peligroso que, sin lugar a dudas, terminará destruyendo a cualquier iglesia con el paso del tiempo.
La unidad es parte de la naturaleza misma de Dios (Deuteronomio 6:4), una naturaleza que Él quiere compartir con nosotros y que sea manifestada por Su iglesia.
En Juan 17:21, Cristo, orando, expresó un deseo de Su corazón. Él dijo: «Padre, que ellos sean uno, como nosotros somos uno».
Es un deber y una responsabilidad de cada cristiano genuino buscar, mantener, luchar por, pagar el precio por y promover la unidad en su iglesia local.
Hay cristianos que, lejos de fomentar la unidad en su iglesia local, fomentan todo lo contrario, es decir, la división.
Lo hacen a través de vivir de una manera incorrecta e involucrarse en prácticas pecaminosas y divisorias.
Polos opuestos
La naturaleza de Dios choca frontalmente con la naturaleza de Satanás. Por un lado, Dios siempre busca que seamos uno, como Él y Su Padre son uno. Por otro lado, Satanás siempre busca dividir y destruir al pueblo de Dios. Siempre busca la más pequeña rajadura para entrar y destruir.
¿Qué cosas son las que promueven la división?
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La falta de intimidad con Jesús. (Mientras más tiempo pasemos con Jesús, menos propensos seremos a causar división).
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La rebeldía y el orgullo.
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La ambición personal o ministerial.
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La influencia negativa de otras personas.
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No abrazar la cruz.
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Participar en murmuraciones, chismes y quejas.
¿Qué podemos hacer para cultivar la unidad?
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Pasar tiempo con Aquel que es la unidad (Jesús).
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Abrazar la cruz y negarnos a nosotros mismos.
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No ser usados como instrumentos a través de los cuales venga la división.
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Ser mansos y humildes.
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Romanos 16:17-18: Debemos reconocer a las personas que causan división y apartarnos de ellas.
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No participar en murmuraciones, chismes ni quejas.
Los animo a que seamos constructores y no destructores.