Pronto Seré un Hombre Muerto y Mi Alma Estará en el Infierno
19 de August, 2026

Pronto Seré un Hombre Muerto y Mi Alma Estará en el Infierno

Un ministro cristiano estaba en uno de sus viajes un día cuando, de repente, vino una fuertísima tormenta eléctrica en la misma zona donde él se encontraba. El ministro, buscando encontrar un refugio donde resguardarse de la tormenta, entró en una taberna, un lugar donde se vende licor, cerveza y otras bebidas para ser consumidas allí.

Cuando el ministro entró en la taberna, su atención pronto se dirigió hacia un hombre que estaba allí. Parecía que aquel hombre estaba tratando de entretenerse a sí mismo, al igual que a otras personas.

La manera en la que este hombre se estaba entreteniendo era hablando y usando palabras profanas de la peor clase. Él decía que era ateo y blasfemaba el nombre de Dios con una imprudencia inusual.

Finalmente, mientras la tormenta estaba peor y más salvaje que antes, este hombre les dijo a aquellos que estaban alrededor de él:

“No existe Dios y, para demostrarles que yo estoy en lo correcto en esto que les estoy diciendo, voy a salir de la taberna. En medio de esta gran tormenta, me voy a poner sobre aquella pequeña colina que está afuera y voy a retar a Dios para que me mate con un rayo.”

Ante el horror de aquel pequeño grupo de personas que estaban escuchando a este hombre dentro de la taberna, él salió en medio de una horrible tormenta eléctrica. Se paró sobre la pequeña colina, levantó su mirada al cielo, movió sus labios y juntó sus puños, dando la apariencia de que estaba haciendo aquello que había dicho que haría, aunque su voz no se podía escuchar a causa del estruendo de la terrible tormenta.

Al pasar un corto tiempo, este hombre regresó y entró en la taberna diciendo:

“Ahora ustedes pueden claramente ver por sí mismos que no hay Dios, porque si lo hubiese, él me hubiera matado cuando yo estaba retándolo para que lo hiciera.”

Pero Dios ciertamente se mueve de maneras misteriosas, y este horrible pecado que aquel hombre había cometido en contra de Dios no quedaría sin castigo.

Cuando aquel hombre regresó al interior de la taberna, tomó una silla, se sentó y se quedó callado por un tiempo. Él había pronunciado ya su última maldición y, cuando volvió a hablar, lo hizo con un tono de voz muy suave y dijo lo siguiente:

“Si hay un Dios y él me va a enseñar que me puede quitar la vida usando un instrumento mucho más pequeño e insignificante que un rayo.

Al poco tiempo de haber entrado de nuevo a la taberna, un pequeño insecto se posó sobre mi mano y me picó. Al poco tiempo me comenzó un dolor que rápidamente afectó mi brazo y está ahora, con gran rapidez, haciendo su trabajo fatal.

El dolor que siento es casi insoportable… pronto seré un hombre muerto y mi alma estará en el infierno… Sí, Dios existe.”

Y de esta terrible manera murió aquel hombre que blasfemó el nombre de Dios, llenó su boca de maldiciones y de profanidad, diciendo que Dios no existía.

Murió sufriendo una horrible agonía en su cuerpo y mente. Su alma se fue al más allá; entró en la eternidad sin Dios y sin Cristo.

“Ciertamente, el necio ha dicho en su corazón: No hay Dios.”

Reportado para Dying Testimonies of Saved and Unsaved, por Solomon B. Shaw, por Mary E. Jenks, de McBain, Michigan.