La Horrible Calamidad Que Vino Sobre Una Joven Que Se Burló de la Oración
El Rev. Thomas Graham, el conocido predicador de avivamiento de la Conferencia Erie de la Iglesia Episcopal Metodista, relata la siguiente triste experiencia:
Al pasar yo un tiempo en un lugar llamado Fredonia, una joven que vivía aproximadamente a 3 millas de ese lugar, en dirección a Sheridan, había sido tocada por el Espíritu de Dios en una reunión que se hizo en el pueblo, la cual yo presidí.
Esta joven, a pesar de haber sido tocada y despertada por el Espíritu de Dios, se había negado a responder y a buscar a Dios. La noche siguiente de la reunión se fue a un baile; era el día miércoles.
En el baile, unas personas comenzaron a bromear con esta joven acerca de sus sentimientos hacia la religión, acerca de su fe en Cristo.
La joven, para demostrarles a todos los que estaban bromeando con ella lo contrario de lo que ellos le decían, tomó un pedazo de tela, lo puso en medio del piso y llamó a aquel pedazo de tela su “banco de los penitentes”. El nombre “banco de los penitentes” era dado a un asiento que estaba al frente de una iglesia o reunión de avivamiento. Ese asiento era apartado para los pecadores arrepentidos o las personas que estaban buscando su salvación, oración y perdón.
Después de poner ese pedazo de tela en el suelo y decir que era su “banco de los penitentes”, esta joven, tomando de la mano a un joven, se arrodilló y comenzó a orar de una manera totalmente burlesca. No era una oración genuina; era solamente una burla de parte de esta joven.
En ese preciso momento, en el que la joven estaba burlándose de la oración y de Dios, de repente, una locura total vino sobre ella. La joven perdió la razón.
Sus amigos la subieron a un trineo y se apresuraron para llevarla a su casa.
Enviaron a buscar a un médico inmediatamente para que la examinara y la atendiera en su “locura”; sin embargo, eso no ayudó de ninguna manera.
Esa joven, que se burló de Dios y de la oración, murió totalmente loca el viernes en la noche, aproximadamente a la misma hora del día.
Esa joven no tuvo ni un momento de lucidez hasta que murió. Fue enfáticamente su “banco de los penitentes”.
Sus restos, ya sin vida, fueron llevados a la tumba el siguiente domingo en Fredonia. Sus amigos iban en la procesión; no podían ser consolados.