“Jesús, Ten Misericordia de Mi Padre” Fue la oración que hizo la pequeña María
En una pequeña choza, en la Primera Avenida, en la ciudad de Nueva York, había una pequeña niña que se llamaba María. Ella estaba muriendo.
De repente, la pequeña María se volvió hacia su madre, quien estaba con ella, y le dijo:
“Madre, yo estoy muriéndome, pero no tengo ningún temor.”
La madre, quien no era cristiana, le dijo:
“¿No tienes temor de morir? ¡Oh, es horrible morir!”
La pequeña María le respondió a su madre:
“No es horrible cuando tienes a Jesús contigo. Madre… ¡oh, madre, tú tienes que amar a mi Salvador!”
De esta manera le rogó la pequeña María a su inconversa madre.
Al lado de la cama donde estaba acostada la pequeña María había un hombre arrodillado, completamente borracho… era el padre de María.
Sobre la cabeza de este hombre borracho, arrodillado al lado de la cama, reposaba la pequeña mano de su hijita. Ella repitió tres veces una oración, en intervalos: una petición sincera de su corazón.
Su oración era:
“Jesús, ten misericordia de mi padre.”
Poco tiempo después, aquella pequeña niña llamada María fue llamada a su hogar celestial y contada entre el coro de ángeles que alaban constantemente a Dios.
Y tres meses después de que la pequeña María murió, tanto su padre como su madre se convirtieron a Jesús y, desde el momento en que entregaron sus corazones al Salvador, vivieron vidas cristianas.
—Rev. L. B. Balliet, M. D., de Allentown, PA