¿Quiénes Son Tus Amistades?
Los seres humanos fuimos creados por Dios con muchas necesidades innatas en nosotros. Una de esas necesidades es tener compañía.
El encontrar compañía puede ser una gran bendición que edifique y fortalezca nuestras vidas, pero también podría ser una terrible maldición que destruya nuestras vidas.
Todo depende de qué clase de compañía nosotros tenemos.
Al usar la palabra “compañía”, no estoy refiriéndome únicamente a encontrar esposo o esposa, sino que me refiero a tener compañía en términos generales: amistades, personas con quienes tú pasas tiempo, personas con quienes te comunicas, personas de quienes recibes influencia.
El apóstol Pablo, en 1 Corintios 15:33, dice: “No os dejéis engañar: Las malas compañías corrompen las buenas costumbres”.
Las malas compañías —amistades, personas con quienes tú inviertes tu tiempo, personas con quienes tú te comunicas—, aunque parecieran ser más divertidas, alegres, emocionantes, aventureras, etc., sin lugar a duda van a corromper y destruir cualquier buena costumbre o virtud que tú tengas.
Por otro lado, las buenas compañías —aunque parecieran aburridas, anticuadas, fanáticas religiosas, etc.— van a edificar y fortalecer aquello bueno que tú tengas.
Algo que logra destruir muchas vidas es el tener compañías o amistades incorrectas. Una verdad innegable es que toda amistad o compañía tendrá una influencia sobre nosotros, ya sea para bien o para mal.
Es de extrema importancia que tú tengas el entendimiento de que las amistades que tú escojas, esas personas con quienes tú inviertes tu tiempo, esas personas con quienes tú tienes comunicación, tendrán una influencia sobre ti. Y si esas amistades son personas sin Dios, mundanas, pecadoras, sin el temor de Dios en sus vidas, sin convicciones cristianas firmes, sin moralidad, sin santidad, definitivamente la influencia que vas a recibir de ellas sobre tu vida será una influencia mala y pecaminosa, que terminará corrompiendo tu misma vida y llevándote al infierno.
El apóstol Pablo nos da un consejo extremadamente sabio, urgente y necesario para cada cristiano. Lo encontramos en 2 Corintios 6:14:
“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?”
Como cristianos, debemos tener mucho cuidado en escoger quiénes son nuestras amistades, con quiénes pasamos tiempo, con qué personas nos comunicamos y de quiénes recibimos influencia.
Porque, si escogemos mal, la influencia negativa que recibiremos definitivamente dañará nuestras vidas. Esta misma verdad aplica aun a personas que no son cristianas, porque el efecto destructor, nocivo y corrosivo de las malas amistades no solamente afecta a los cristianos, sino también a los que no son cristianos.
Está en tus mayores intereses escoger las amistades correctas, santas, con temor de Dios y piadosas. Ellas serán una gran bendición, fortaleza y alivio para tu vida.
Si, en tu situación personal, te das cuenta de que tus amistades, las personas con quienes tú te comunicas y pasas tiempo, no son personas de bendición, llegó la hora de alejarte de esa clase de amistades y buscar amistades que te ayudarán a caminar con Cristo y llegar al cielo.
—Pastor