¡Oh, Amor Que Nunca Me Abandonas!
“Caiga yo en la mano de Jehová, porque sus misericordias son muy grandes.” — 1 Crónicas 21:13
George Matheson era solamente un adolescente cuando supo que su ya pobre vista estaba deteriorándose aún más.
Determinado a no ser estorbado ni detenido por esta condición, continuó directamente con sus planes de ingresar a la Universidad de Glasgow, en Escocia, y esta misma determinación lo llevó a graduarse a los 19 años de edad.
Pero mientras cursaba estudios de posgrado para el ministerio cristiano, George quedó totalmente ciego.
Sus hermanas se unieron a él para apoyarlo y aprendieron hebreo y griego para poder así asistirlo en sus estudios, mientras él continuaba fielmente presionando hacia la meta.
Pero, a pesar de todo esto, su espíritu colapsó cuando su prometida en matrimonio no estuvo dispuesta a casarse con un hombre ciego. Ella rompió su compromiso y le regresó el anillo.
George nunca se casó, y el dolor de aquel rechazo nunca lo dejó en su totalidad. Años más adelante, su hermana vino a él y le anunció que estaba comprometida para casarse.
Él se regocijó mucho con ella, pero su mente regresó en el tiempo y recordó su propio dolor y sufrimiento.
Él se consoló a sí mismo al pensar en el amor de Dios, el cual nunca está limitado, nunca es condicional, nunca se retira y nunca es incierto.
De esta experiencia personal, se dice que él escribió el himno: “Oh, amor que nunca me abandonas”, el día 6 de junio del año 1882.
George Matheson se convirtió, con el paso del tiempo, en un predicador popular y poderoso, pastoreando en la aldea escocesa de Innellan.
A pesar de su ministerio floreciente, hubo una noche de invierno cuando el número de personas que habían asistido a aquella reunión del domingo por la noche era miserablemente pequeño.
George había trabajado mucho en su sermón, pero aquellas sillas vacías por poco lo derrotaron.
Sin embargo, se esforzó e hizo lo mejor que pudo predicando aquella noche, sin saber que en aquella congregación, ese mismo día, había un visitante que había venido de la Iglesia de San Bernardo, en Edimburgo, una iglesia muy grande que estaba buscando un pastor.
Como resultado de este acontecimiento, en el año 1886 George Matheson fue llamado a la Iglesia de San Bernardo para pastorear allí.
George se convirtió en uno de los predicadores favoritos de Escocia.
“Haz de cada ocasión una gran ocasión”, dijo George un tiempo después. “Tú nunca puedes saber cuándo alguien podría estar tomándote la medida para llevarte a algo mayor”.