Estoy En Las Llamas, Sáquenme, Sáquenme
28 de July, 2026

Estoy En Las Llamas, Sáquenme, Sáquenme

El sujeto de esta narrativa, a quien llamaremos el Sr. W, murió en el estado de Nueva York aproximadamente en el año 1883, a la edad de 74 años.

Él era un incrédulo confeso. Aunque era un buen vecino hasta cierto punto, era muy impío y se burlaba del cristianismo.

Más o menos 7 años antes de que él muriera, pasó por un lugar donde había una reunión cristiana de avivamiento. El Espíritu de Dios luchó con él, pero él se resistió hasta el final.

Un día después de esto, el Sr. N —quien es el que relata esto— iba por su camino a la iglesia y pasó por la casa del Sr. W, quien casualmente estaba por el portón.

Él le dijo:

“Venga conmigo a la iglesia, Sr. W”

Entonces, aquel hombre incrédulo, extendiendo su mano, le respondió:

“Muéstrame un cabello en la palma de mi mano y yo te mostraré un cristiano”

Durante la última enfermedad del Sr. W, el Sr. N —el mismo hombre quien anteriormente lo había invitado a ir a la iglesia— lo visitaba a menudo, se sentaba con él por varias noches y también estuvo con él cuando murió.

El incrédulo Sr. W estaba consciente de que su final rápidamente se acercaba y también estaba consciente de los terrores que tenía en su condición de perdido.

Una vez, el Sr. W le dijo al Sr. N —quien era un trabajador local y tenía reuniones en las escuelas de alrededor—:

“Adviértale al mundo que no vivan como yo he vivido y que escapen de mi aflicción”

En otra ocasión, cuando el Sr. W fue visitado por un médico, él estaba gimiendo y teniendo demostraciones de gran agonía.

El médico le dijo:

“¿Por qué estás gimiendo? Tu enfermedad no es dolorosa”

Él le respondió:

“Oh, doctor, no es el cuerpo, sino el alma lo que me preocupa”

La noche en la que el Sr. W murió, el Sr. N llegó a visitarlo a las 10 p. m. Un amigo de él estaba también ahí.

Cuando el Sr. N entró en el cuarto, se sentía que el lugar estaba lleno con una presencia horrible, como si el Sr. W estuviera cerca ya de la región de los condenados.

Aquel hombre moribundo clamó:

“Oh, Dios... líbrame de ese horrible abismo”

Esa no era una oración penitente, sino el lamento de un alma perdida.

Aproximadamente 15 minutos antes de su muerte, la cual ocurrió a las 12 a. m., el Sr. W exclamó:

“Estoy en las llamas, sáquenme, sáquenme”

El Sr. W se mantuvo repitiendo esta horrible frase hasta que su aliento de vida dejó su cuerpo.

Conforme las fuerzas de aquel cuerpo moribundo menguaban, sus palabras se hacían cada vez más débiles.

Por último, el Sr. N acercó su oído para poder escuchar los débiles susurros de aquella alma que estaba ya entrando en la eternidad, y las últimas palabras que él pudo escuchar fueron:

“Sáquenme, sáquenme”

Esa fue una escena horrible, dijo el Sr. N:

“Me impresionó de tal manera que yo nunca voy a olvidarlo. Yo nunca quiero ser testigo de semejante escena otra vez. Años después, yo estaba hablando con mi amigo y él me dijo que aquellas palabras: ‘Estoy en las llamas, sáquenme, sáquenme’ todavía sonaban en sus oídos”

Escrito por el Rev. C. A. Balch, Cloverville, NY