La Petición de una Niña que Estaba Muriendo
Un evangelista dijo:
“Una pequeña niña de tan solo 8 años de edad fue enviada por sus padres a cumplir un encargo, mientras la niña iba por el camino, ella fue atraída al escuchar unos cantos que provenían de una reunión evangelística al aire libre, la niña se acercó a la reunión.
La persona que estaba encargada de la reunión fue muy impactada por la seriedad que tenía la niña, de tal manera que él habló con ella y le contó acerca de Jesús.
La niña, siendo hija de unos católicos romanos, no sabía mucho acerca de quién Jesús era pero, aquel caballero que hablaba con ella, le dijo del amor que Jesús tenía por ella.
Cuando finalmente la niña regresó a su casa, su padre le preguntó qué fue lo que la había demorado tanto, la niña le contó al padre lo que le había pasado y en respuesta, el padre cruelmente le propinó una paliza y le prohibió que fuera a cualquier clase de reunión como esa otra vez.
Aproximadamente 15 días después, la niña fue enviada otra vez a cumplir un encargo pero, la niña estaba tan cautivada con aquello que ella previamente había escuchado acerca de Jesús, que se le olvidó el mensaje que ella llevaba.
Ella volvió a ver al mismo caballero, quien anteriormente le había hablado acerca del amor de Jesús, este hombre volvió a contarle más acerca del Salvador.
Cuando ella regresó a su casa, una vez más le contó a su padre dónde había estado —como había hecho en la ocasión anterior— y también le dijo que ella no había traído aquello por lo que fue enviada pero, le dijo que ella había traído a Jesús.
Su padre, en ese momento se llenó de mucha ira al oír lo que su pequeña hija le decía y comenzó a darle patadas hasta que la pobre criatura sangró.
La pequeña niña de tan solo 8 años de edad, nunca se pudo recuperar de aquel trato tan brutal y cruel que su propio padre le dio.
La niña estaba muriendo y justo antes de expirar ella llamó a su madre y le dijo:
“Madre, yo he estado orándole a Jesús y pidiéndole que te salve a ti y a mi padre”
Entonces, señalando hacia su pequeño vestido ella dijo:
“Madre, córtame un pedazo de mi vestido de la parte que está manchada de sangre”
La madre, preguntándose el porqué de semejante petición, lo hizo.
“Ahora —le dijo la niña moribunda— Cristo derramó su sangre por mí y yo voy a llevar este pedacito de mi vestido a Jesús para mostrarle que yo derramé mi sangre por su causa”
Y de esa tierna manera, aquella pequeña niña de tan solo 8 años murió —sosteniendo firmemente en su mano, el pedazo de su vestido que había sido manchado por su propia sangre, aquel día que su padre le dio una cruel golpiza por causa de Jesús.”
El testimonio de aquella preciosa niña fue lo que Dios usó para llevar al padre y a la madre a la fe salvadora en Cristo Jesús.